fotoinicial6.jpg
¿Donde prefieres ir de vacaciones?
A la playa
A la montaña
Quedarme en casa

orellana
Las tiendas de alimentación sobreviven a la creciente oferta de híper y súper

www.hoy.es

Hay formas y formas de hacer la compra. Puede optar por coger el coche, aparcarlo en la explanada del centro comercial y perderse con el carrito en la inmensidad del hipermercado. La otra alternativa pasa por darle los buenos días a Guadalupe Martín, echar unas risas con Óscar Polo y Antonio Calle o dejarse guiar por la experiencia de Reyes Holgado a la hora de elegir los plátanos. David contra Goliat.

Las pequeñas tiendas de alimentación sobreviven en los barrios a la creciente oferta de supermercados e hipermercados. Combaten la competencia de las grandes superficies con un trato personalizado, que sobrepasa en muchas ocasiones la relación comercial para convertirse en una amistad duradera. El casco antiguo de Cáceres conserva comercios con décadas de historia. Los negocios pasan de padres a hijos. Y las costumbres. Todavía es posible encontrar en los estantes precios escritos a mano y libretas donde se registran las pequeñas deudas pendientes de los clientes.

Los comercios de siempre, los de toda la vida, existían antes de que firmas nacionales e internacionales se fijaran en Cáceres para levantar sus hipermercados (aquellos que superan los 2.000 metros cuadrados) o supermercados. Por entonces, los cacereños llenaban los carros en sus modestos locales. Ahora, aseguran los tenderos, viven de las compras del diario. Para llenar la nevera a comienzos de mes, reconocen, los clientes se van a Carrefour, a Eroski, a Mercadona, a Lidl, a Supercor, a Aldi, a Lidl o a Maxidía.

Las superficies de alimentación han ganado terreno. La oferta comercial de este tipo de establecimientos ha crecido por encima del 50 por ciento desde el año 2000. El primer híper que tuvo la ciudad fue el que la marca cacereña Tambo abrió en enero de 1993 en la parcela hoy ocupada por Carrefour y que previamente regentó Pryca. Unos meses después de la inauguración del híper de Tambo, Cáceres asistía a la puesta en marcha de su segunda gran superficie: Eroski.

Más tarde se asentaron Lidl y Maxidía en El Vivero y Eroski Center -antes se llamaba Consum- en la calle Arturo Aranguren. En diciembre de 2005 llegaron, casi a la vez, Mercadona a Montesol y Supercor al R-66. La firma valenciana abrió su segundo supermercado en El Vivero a finales de 2007. Y la cosa no queda ahí porque la constructora Pinilla espera empezar en septiembre las obras del centro comercial La Calera, en Nuevo Cáceres, que albergará un supermercado de 1.751 metros cuadrados. Tambo también tiene proyectado levantar otro súper en este barrio. En la actualidad, la firma cacereña cuenta con cinco establecimientos repartidos por diferentes puntos de la ciudad (en Alfonso IX, en la calle Hernández Pacheco, en la calle Salamanca, en la avenida de Alemania y en la zona de Llopis Ivorra).

El comercio de la Clarita

Mientras la red de supermercados no para de aumentar en los barrios de nueva creación, Guadalupe lucha por conservar la esencia del pequeño comercio. Regenta en la Plaza de Santiago la tienda de alimentación más antigua de Cáceres, según el historiador Fernando Jiménez Berrocal. Aunque el autoservicio se llama Jiménez-Martín, todo el mundo lo conoce como 'el comercio de la Clarita'. Clarita fue la primera propietaria de este local de 70 metros cuadrados. Después pasó a manos de una tía de la suegra de Guadalupe y, más tarde, fue la madre de su marido la que llevó el negocio. Pero desde hace nueve años es Guadalupe, Pupe para los más cercanos, la que despacha, la que atiende y la que cobra. «Los de las patatas fritas 'El Gallo' todavía traen los pedidos a nombre de Clarita. A mí me hace gracia», reconoce esta mujer con la amabilidad que la caracteriza.

Guadalupe no habla de clientela, sino de amigos. «Esto es como un pueblo chico -afirma-. Conozco el nombre de todos los vecinos».

Entre los residentes de la zona está Manoli Vadillo, que vive en la calle Tenerías desde hace 34 años. «Las tiendas de barrio hay que apoyarlas. La compra diaria la hago aquí y en Mostazo, donde trabaja mi yerno. En estas tiendas te dan mucha confianza», apunta esta mujer. Eso sí, no oculta que de vez en cuando va a Eroski a llenar el carro.

«Aquí el picoteo no falta, pero las compras se hacen en los grandes supermercados. Si se te olvida una cebolla, no vas a ir a Mercadona a por ella, ¿no?», resume Guadalupe bajo la mirada de Manoli.

Óscar es el charcutero de Mostazo, el autoservicio de la Plaza del Duque, y el yerno de Manoli. Es uno de los cinco empleados, junto a Antonio Calle, el carnicero, del negocio familiar liderado por Antonio Lázaro. Hace más de 15 años que este hombre abrió su propio establecimiento en un local con solera. «Esta tienda era antes de los Siriris», recuerda Antonio. Él heredó la clientela y aún la conserva. «Notamos la llegada de los hipermercados y los supermercados pero nosotros estamos especializados en la compra diaria: fruta, carne, charcutería... Cada vez más gente compra estos productos en las tiendas pequeñas. Nuestra base es el trato directo con la gente. Somos una pequeña gran familia», subraya el empresario.

¿Se nota en los precios?

Óscar y Antonio defienden que ofertan precios tan competitivos como las grandes superficies. «El precio máximo de la ternera es de 9,75 euros el kilo», subraya el carnicero. Pero hay algo que este pequeño establecimiento no puede dar a sus clientes: aparcamiento. «Desde que no se puede aparcar en las Cuatro Esquinas viene menos gente al comercio», recuerda el charcutero.

Reyes saca todas las mañanas la fruta a la puerta de su tienda, un coqueto autoservicio situado en la Plaza de las Claras. Tiene 51 años, está casado y es padre de tres hijos. Ninguno de ellos, aventura, seguirá con el negocio. Lleva 29 años tras el mostrador. «Entonces se vendía más de lo que se vende ahora. El primer supermercado que abrió fue el Tambo de la calle Alfonso IX y luego llegaron todos los demás. Nosotros lo hemos notado muchísimo, aunque la gente recurre a las tiendas tradicionales como ésta para comprar la fruta», detalla Reyes, que reclama más atención de las instituciones públicas y, en general, de todos los cacereños.

«Conozco el gusto de todos mis clientes», apunta el tendero de la Plaza de las Claras. Hasta Reyes, Guadalupe, Óscar o Antonio no se llega tras recorrer largos pasillos. Basta con cruzar el umbral que da acceso a sus tiendas. Es otra forma de hacer la compra. David contra Goliat.